(Artículo publicado por José Luis Orihuela con el mismo título en Medium)

La popularización de blockchain no dependerá de que los usuarios entiendan su funcionamiento, sino de que existan aplicaciones eficaces que resuelvan problemas reales y resulten amigables.

Históricamente, cada paradigma de la red ha tenido su killer application: antes de la web fue el correo electrónico, con la web originaria fue Google y con la web social las redes sociales. Blockchain representa el paradigma del valor (frente a los anteriores que fueron la información y el networking), pero todavía carece de una aplicación transparente que facilite su adopción masiva.

La tecnología blockchain tiene todos los elementos para configurar el nuevo paradigma de la red, aunque su futuro dependerá de su capacidad para hacerse escalable y responder a las demandas de los usuarios en tiempo real.

La velocidad para registrar y validar operaciones cuando crezca su base de usuarios, así como la seguridad de las transacciones, serán los factores críticos para determinar su viabilidad.

Aunque blockchain fue originalmente desarrollado como soporte para una criptomoneda (bitcoin), su potencial abarca un espectro de actividades que trasciende lo monetario y se proyecta sobre ámbitos como el derecho, la política, la creación, la seguridad y la administración.

Con blockchain se consigue sustituir la confianza mediante la criptografía, de modo que tiene la capacidad para desintermediar, garantizar y proteger todo tipo de transacciones.

Las criptomonedas y los token constituyen nuevos modos de representar y gestionar valor a escala universal, sin autoridades centrales y protegiendo la identidad de los usuarios. En este sentido, es un modelo que se presta a usos delictivos, lo que no constituye una novedad en la historia de las evoluciones tecnológicas de internet.

El reto actual, común a muchas otras innovaciones tecnológicas, consiste en proteger a la sociedad de sus utilizaciones perversas pero sin frustrar el potencial transformador que conllevan.