Efram Racker, el prestigioso investigador con el que Mark Espector publicó su investigación sobre el origen del cáncer

(Extractos del artículo publicado con el mismo título en El Español por José Pichel)

Mark Spector falsificó su título universitario de Bioquímica y dos posgrados y asombró a la comunidad científica en 1981, con sólo 24 años, con un artículo que parecía revelar el origen de los tumores.

Falsificar títulos académicos no es algo nuevo ni exclusivo de un país o de los políticos. De hecho, las irregularidades aparecidas en prensa recientemente no son más que un juego de niños si las comparamos con el caso de Mark Spector, un científico de la Universidad Cornell, en el estado de Nueva York. Se inventó su título de Bioquímica y dos posgrados y a principios de los 80 formaba parte del laboratorio de Efraim Racker, un investigador del máximo prestigio.

¿Cómo llegó tan lejos? En realidad el joven tenía muchos conocimientos, pero ningún título oficial, ni siquiera el Bachillerato. Procedía de una familia humilde y a los 16 años no le quedó más remedio que ponerse a trabajar, pero su gran pasión era la ciencia, así que dedicaba las noches y su tiempo libre a seguir estudiando por su cuenta. A Racker le debió de resultar muy convincente, confió en su trabajo y cuando Spector sólo tenía 24 años firmó junto a él un artículo en la prestigiosa revista Cell, que explicaba cómo cuatro enzimas que supuestamente había conseguido aislar y caracterizar se activaban sucesivamente, en cascada, en las células cancerosas y daban lugar al tumor.

Aquel hallazgo era impresionante, porque en buena medida explicaba el origen del cáncer y la teoría encajaba bastante bien en los conocimientos de la época. ¡Era digno de un premio Nobel! Sin embargo, no tardaron en aparecer las dudas. Algunos expertos se dieron cuenta de que los detalles técnicos eran inverosímiles, incluyendo que todos los experimentos se hubieran hecho en poco más de dos años. Al tratar de repetir los supuestos experimentos que había realizado la joven promesa de la ciencia y ver que nadie lo conseguía, en pocos meses tras la publicación se hizo evidente el fraude y el artículo se retractó.

La sorpresa de todo el mundo en la Universidad Cornell fue mayúscula cuando tirando del hilo se comprobó que aquel extraordinario investigador había falsificado todos sus títulos.